Homenaje al creador de los caporales

La mañana del lunes, en la Gobernación de Cochabamba, se realizó un acto de homenaje, en el que las autoridades locales saludaron y reconocieron el trabajo del folclorista Vicente Estrada Pacheco, primer caporal de la historia, creador de la danza y fundador de importantes fraternidades que, desde hace cerca de medio siglo, la han hecho crecer hasta convertirla en un referente importante de la identidad boliviana. Días antes, durante el desarrollo del Segundo Festival del Caporal “Hecho en Bolivia”, Estrada también fue distinguido por autoridades municipales, folcloristas, e incluso por la fraternidad de caporales limeña “Pasos de fuego”.

El homenajeado fue, además, fundador del grupo cochabambino Sambos y de la Fraternidad Urus del Gran Poder, fundada el 25 de enero de 1969, con quienes, en 1972, bailó por primera vez el caporal, causando la sorpresa entre los espectadores de aquella entrada.

Después de la buena recepción de su creación, Vicente Estrada llevó la danza a Cochabamba y Oruro, sin imaginar que crecería hasta tener semejante magnitud y presencia nacional.

HISTORIA Las danzas folclóricas eran, hasta las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX , mal vistas por la sociedad boliviana. Se las consideraba relegadas para clases bajas, mientras la cultura oficial se desarrollaba bajo moldes foráneos. La Revolución Nacional de 1952 trajo consigo la necesidad de un nuevo paradigma de identidad nacional. La propuesta de la revolución fue el mestizaje, y, a partir de esta idea, se desarrolló también una identificación cultural. El folclore resultó beneficiado y las entradas, fraternidades y fiestas, fueron creciendo con gran relevancia. Es justamente en este auge que el caporal nace y se consolida, hasta hoy, como un elemento fuerte de la identidad imaginaria boliviana. En 1969, Vicente Estrada tenía un grupo estable, tipo ballet, de diferentes danzas. Recorrían el país en giras con sus presentaciones. De esa forma, Estrada fue invitado a los Yungas, a la comunidad de Tocaña. Ahí vio el trabajo de los afrobolivianos comandados por uno de ellos y le llamó la atención. “Entonces, viéndolo al capataz, que trabajaba con bombos, se me ocurrió la idea. Me quedé pensando en cómo lo haría bailar, cuáles serían sus pasos”, comentó Estrada. La siguiente fase fue hacer amistad con ellos para investigar y desarrollar los pasos.

Al salir de Tocaña, tras un mes de investigación, habló con su hermano Víctor para que diseñen el vestuario, que es muy distinto al que se utiliza ahora. Terminaron de cerrar los detalles de la coreografía y la música, que, según cuenta, fue compuesta por músicos a partir de los tarareos rítmicos y silbidos que los creadores les daban.

Estrada, notoriamente cansado y con la salud deteriorada, se manifestó alegre y feliz de ver hasta dónde ha llegado su creación, que es escudo de la bolivianidad incluso en Estados Unidos y Europa. Más que defender su trabajo, Estrada espera que los homenajes defiendan el origen boliviano de la danza del caporal.
Fuente: Opinion de Cochabamba


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